IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La predestinación es un término que genera incomodidad en muchos creyentes, pero la razón por la que debemos hablar de él es sencilla: la Biblia lo menciona. En Romanos 8:29-30, Pablo presenta una cadena de acciones divinas que comienza en la eternidad pasada y culmina en la gloria futura. Dios conoció de antemano a un grupo de personas, los predestinó para ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, luego los llamó, los justificó y finalmente los glorificará. Esta secuencia revela que la salvación no inicia con una decisión humana, sino con una elección soberana del Padre.
Cuando alguien deposita su fe en Cristo, está respondiendo a un llamado que Dios ya había puesto en movimiento. El Espíritu abre los ojos, regenera el corazón y libera la voluntad para que la persona pueda confiar libremente en el sacrificio de Cristo. Lo que hacemos nosotros —creer— es real, pero es posible porque Dios se movió primero por gracia. Esta doctrina no es invención moderna; Agustín de Hipona en el siglo IV y Juan Calvino durante la Reforma la enseñaron con claridad. El pastor Núñez invita a profundizar en ella antes de rechazarla, porque lo que está en juego es entender correctamente cómo Dios salva.
Según Romanos 8:29-30, ¿cuáles son los cinco eslabones de la cadena que describe el plan de Dios para los suyos, y en qué orden aparecen?
¿Qué papel juega el Espíritu Santo en el proceso de salvación según lo explicado en la clase, y cómo se relaciona con la respuesta de fe del creyente?
Cuando piensas en tu propia conversión, ¿tiendes a verla principalmente como una decisión que tú tomaste o como una respuesta a algo que Dios ya estaba haciendo en ti? ¿Por qué crees que la ves de esa manera?
¿Hay algo en la doctrina de la predestinación que te genere resistencia o incomodidad? Si es así, ¿qué es específicamente y qué crees que está detrás de esa reacción?
Si la salvación depende en última instancia de la elección soberana de Dios y no de la decisión humana, ¿cómo debería esto afectar la manera en que compartimos el evangelio con otros y oramos por quienes aún no creen?